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El viernes por la noche en Mayfair, el Plaza del Patrimonio Mexicano Estaba lleno, no sólo de arte, sino de recuerdos.
Colectivo de Arte Atemporal Presentó ¡La Cultura Vive!, una muestra con raíces en la escena artística chicana de San José y arraigada en la historia de este barrio. Lo que se desarrolló visibilizó algo que a menudo pasamos por alto: la cultura es infraestructura cívica.
Dentro de la galería, viejas cajas de conservas, que antes se usaban en el campo, se apilaban formando la palabra "Mayfair". Cerca, un gran mapa trazaba lo que antes se llamaba "Sal Si Puedes", el nombre que se le daba a esta comunidad cuando faltaban infraestructuras y las oportunidades eran escasas. Un homenaje a Mujeres de Aztlán rindió homenaje a las mujeres que organizaron, lideraron y sostuvieron este lugar mucho antes de que llegara el reconocimiento.
Artistas como Danny Sauce, Araceli Rodríguez, Elizabeth Jiménez Montelongo y Marcos Gaitán llenaron las paredes con obras íntimas e inconfundiblemente locales, parte de un elenco más amplio de creativos del Área de la Bahía que narran historias de trabajo, migración, resiliencia y orgullo. No romantizaron el pasado. Lo reivindicaron.

Afuera, el estacionamiento de grava estaba lleno de lowriders. Los vendedores se alineaban en el espacio. Las familias llegaban juntas: abuelos, padres, hijos. Entre platos de pozole y risas compartidas, los vecinos se quedaban un rato.
Nada en la velada parecía performativo. Se sentía arraigado.
A menudo separamos la estabilidad de la comunidad de la cultura. Hablamos de vivienda, seguridad pública y movilidad económica. Estos son esenciales. Pero la estabilidad también depende de si las personas se sienten arraigadas a un lugar: si su historia es visible, si existen espacios no solo para el intercambio, sino también para la pertenencia.
Como alguien que ha pasado más de una década trabajando en este vecindario, he aprendido que la estabilidad comienza con la pertenencia.
La cultura estabiliza la identidad. Protege la memoria. Genera confianza entre generaciones. Esa confianza —la serena familiaridad de verse reflejado en un espacio— permite que los barrios resistan las tensiones.
La tensión abunda en estos momentos, tanto a nivel mundial como nacional. Conflictos armados y desplazamientos en el extranjero. Volatilidad política. Presión económica. Una sensación cada vez más débil de pertenencia.
Ante fuerzas tan grandes, una reunión vecinal puede parecer insignificante. No lo es.

escaso. Foto cortesía de Jessica Paz-Cedillos.
La vida pública se sustenta localmente: en salas y espacios abiertos donde la gente decide reunirse. Cuando una comunidad honra su historia a plena vista, cuando las familias se reúnen a través de generaciones, cuando los artistas definen su propia narrativa, algo esencial se fortalece.
La Plaza de la Herencia Mexicana ha servido durante mucho tiempo como un punto de referencia cultural en el este de San José. Pero los puntos de referencia solo importan cuando se activan. Cuando las instituciones abren sus puertas en colaboración con creadores locales —no como guardianes, sino como colaboradores—, se forja algo duradero. Las relaciones se profundizan. Los jóvenes ven posibilidades. Los mayores ven continuidad.
No podemos controlar todas las fuerzas que configuran nuestras ciudades. Pero sí podemos decidir qué tipo de vida cívica cultivamos.
En Mayfair, la cultura no es un accesorio para el desarrollo. Es la base. Y en momentos como este, la base importa más que nunca.
Jessica Paz-Cedillos, columnista de San José Spotlight, es la directora ejecutiva de la Plaza del Patrimonio MexicanoSus columnas aparecen cada primer lunes de cada mes. Póngase en contacto con Jessica en [email protected] o seguirla en LinkedIn.


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