Gente animando durante una fiesta para ver el Mundial en San José, California.
Personas viendo el partido del Mundial entre México y Corea del Sur durante una fiesta para ver el encuentro en Mexican Heritage Plaza, en el este de San José, el 18 de junio de 2026. Foto cortesía de Mexican Heritage Plaza.
Obteniendo su trinidad de audio jugador listo...

He estado pensando mucho en la alegría durante las últimas semanas. No porque haya abundado, sino porque cada vez me resulta más difícil encontrarla.

Para muchas familias inmigrantes, los últimos meses han estado marcados por la incertidumbre. Aumento de la actividad ICELa acalorada retórica política y el reciente debate en torno a la ciudadanía por derecho de nacimiento han dejado a muchos preguntándose qué sucederá después y si aún pertenecen al país que consideran su hogar.

Y entonces, durante dos noches de junio, algo cambió.

Cientos de personas se reunieron en el Plaza del Patrimonio Mexicano para ver a México competir en la Copa Mundial de la FIFA. La mayoría vestía camisetas verdes de México. Los niños tenían la cara pintada de verde, blanco y rojo. Las familias llenaban la plaza, los vendedores locales servían comida deliciosa y los vecinos se detenían a charlar antes del inicio del partido.

Durante unas horas, hubo risas en lugar de ansiedad. Celebración en lugar de miedo. Hubo alegría.

Personas sentadas en sillas animando durante una fiesta para ver el Mundial en San José, California.
Muchos de los asistentes a la fiesta para ver el Mundial llevaban camisetas verdes de México. Foto cortesía de Mexican Heritage Plaza.

Mientras observaba a la multitud, no pude evitar pensar en lo que representaban esas dos noches.

La gente no solo venía a ver fútbol. Venían a celebrar una cultura que ha marcado a generaciones de familias en el este de San José. Se reencontraban con amigos. Apoyaban a los pequeños negocios locales. Creaban recuerdos con sus hijos y nietos.

Lo más importante es que se recordaban mutuamente que pertenecían a ese lugar.

Puede que suene sencillo, pero en el contexto actual, cobra cada vez más importancia.

Apenas unos días después de nuestras fiestas para ver el Mundial, la Corte Suprema de los Estados Unidos emitió su decisión en el caso de la ciudadanía por derecho de nacimientoSi bien las implicaciones legales de ese fallo aún se están desarrollando, me recordó lo mucho que está en juego en nuestro debate nacional sobre inmigración, identidad y pertenencia. Sin embargo, una cosa queda clara: la diversidad de nuestro país es una de sus mayores fortalezas.

No hace falta mirar más allá del Mundial para comprobarlo.

Los jugadores que representan a Estados Unidos provienen de familias con raíces en todos los rincones del planeta. Lo mismo ocurre con muchas selecciones nacionales que compiten en este torneo. La migración, la cultura y la identidad siempre han moldeado nuestra identidad como personas y como naciones. Estados Unidos no es la excepción.

La supervisora ​​del condado de Santa Clara, Betty Duong, y su hija asistieron a la fiesta para ver los resultados electorales el 18 de junio. Foto cortesía de Mexican Heritage Plaza.

Como hija de inmigrantes, jamás he sentido que celebrar mis raíces familiares me hiciera menos estadounidense. De hecho, ha sido todo lo contrario. Me ha enseñado a apreciar la riqueza de vivir entre culturas y a reconocer que nuestras diferentes historias fortalecen nuestras comunidades, no las debilitan.

No creo que nadie deba tener que elegir entre honrar los orígenes de su familia y amar el lugar al que llama hogar.

Para muchos de nosotros, no se trata de identidades contrapuestas. Son parte de la misma historia.

Eso fue lo que vi en la Plaza de la Herencia Mexicana.

Vi a abuelos compartiendo con sus nietos tradiciones que han conservado durante décadas. Vi a jóvenes luciendo con orgullo camisetas de México mientras reían con amigos que animaban a otros equipos. Vi a vecinos de todos los orígenes reunidos en un mismo lugar, porque el fútbol tiene una forma única de unir a la gente.

Ese es el poder de lugares como la Plaza de la Herencia Mexicana.

Cada concierto, festival, espectáculo de danza, reunión comunitaria y ahora cada Fiesta para ver el Mundial Hace algo mucho más importante que entretener. Crea oportunidades para que las personas se conozcan, generen confianza y fortalezcan el tejido social de nuestra comunidad.

Hablamos mucho de invertir en vivienda, transporte y desarrollo económico, y con razón. Pero también necesitamos invertir en aquellos lugares que nos ayudan a reconocer la humanidad de los demás.

Las reuniones para ver los partidos no fueron casualidad. Fueron el resultado de la colaboración entre el gobierno local, organizaciones comunitarias, empresas, artistas y residentes, quienes compartieron una visión común. Agradezco profundamente a la ciudad de San José, al alcalde Matt Mahan, al concejal Peter Ortiz, a la supervisora ​​del condado de Santa Clara, Betty Duong, a la Autoridad Deportiva de San José, a Community Strong Strategies, a la Asociación de Comerciantes de Alum Rock Santa Clara Street, a Verizon, a Bay FC, a nuestros proveedores, voluntarios y al increíble personal de Mexican Heritage Plaza, quienes hicieron posible estas veladas.

Cuando sonó el pitido final, la gente se dirigió lentamente a casa, pero se marcharon con algo más que el resultado de un partido de fútbol.

Se marcharon tras haber experimentado lo que toda comunidad merece: un lugar donde celebrar su cultura, pasar tiempo con sus vecinos y sentir un auténtico sentido de pertenencia.

En momentos como estos, recuerdo que la alegría es un acto de pertenencia.

Jessica Paz-Cedillos, columnista de San José Spotlight, es la directora ejecutiva de la Plaza del Patrimonio MexicanoSus columnas aparecen cada primer lunes de cada mes. Póngase en contacto con Jessica en [email protected] o seguirla en LinkedIn.

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